jueves, 25 de abril de 2013

El tiempo detenido.

Hace unos años tuve la oportunidad de colaborar con la fundación Viure i Conviure de la ya desaparecida Caixa Catalunya. Aquel proyecto tenía como fin la edición de un libro que reflejase la experiencia de un programa de convivencia generacional, en el que un estudiante universitario que se encontrase fuera de su ciudad de origen, podía residir en casa de una persona mayor y hacerla compañía a cambio del alojamiento. Era por tanto la vivienda el nexo de unión entre dos desconocidos. Aquellas fotos pese a no poder ser calificadas de fotografía de arquitectura, usaban la vivienda y su decoración y distribución como creadores de una atmósfera de otros tiempos, con muebles eternos, del los que no se montan en casa ni tienen nombre sueco.